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Padre Pio

Francesco Forgione nació en Pietrelcina en 1887. Sus padres fueron Grazio Orazio Mario Forgione y Maria Giuseppa di Nunzio. Su familia era de clase humilde, trabajadora y muy devota. Desde niño mostró mucha piedad e incluso actitudes de penitencia. Su infancia se caracterizó por una salud frágil y enfermiza. Desde esta edad manifestó un gran deseo por el sacerdocio, nacido por el encuentro que tuvo con un fraile capuchino del convento de Morcone (a 30 km de Pietrelcina) llamado Fray Camilo, quien pasaba por su casa pidiendo limosna.

Su padre tuvo que emigrar a América para poder pagar los estudios del joven Francesco, en 1898 a Estados Unidos y en 1910 a Argentina. Desde su niñez sufrió los que él llamaba (encuentros demoníacos), que lo acompañaron durante su vida. Amigos y vecinos testificaron que en más de una ocasión lo vieron pelear con lo que parecía su propia sombra.

Eucaristía

Eucaristía es el nombre que se da, en el catolicismo, al sacramento que consiste en la comunión de los fieles con Jesucristo al tomar su cuerpo y su sangre, representados en el pan y el vino consagrados para este efecto. Se llama también eucaristía a la ceremonia en que esta se imparte.

Según la religión católica, la eucaristía es uno de los siete sacramentos, y fue originalmente instituido por Jesús Cristo.

Para las Iglesias católica, ortodoxa, anglicana, copta y luterana, gracias a la eucaristía podemos estar en comunión con Dios y recibir la promesa de la gracia futura, que es la vida eterna.

San José

No era padre natural de Jesús (quién fue engendrado en el vientre virginal de la Stma. Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios), pero José lo adoptó y Jesús se sometió a el como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

San José es llamado el “Santo del silencio” No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. José fue “santo” desde antes de los desposorios. Un “escogido” de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor.

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. Son al mismo tiempo las únicas fuentes seguras por ser parte de la Revelación. 

Divina Voluntad

La conformidad con la voluntad Dios es una Virtud cristiana.

Según la Fe Cristiana la persona que hace un buen uso de su libre albedrío, eligiendo hacer la Voluntad de Dios, está reconociendo que solo Dios puede proporcionarle la felicidad plena que anhela para sí mismo y para sus hermanos. Reconoce también que solo Dios puede conducir a las almas al mejor destino eterno.

El religioso comprende esta situación como una manifestación de confianza en Dios al reconocerlo como a un padre amoroso que quiere caminar de la mano con nosotros, guiarnos, protegernos y llevarnos a la felicidad eterna: “El Cielo”.

María

Madre de Jesús. Los evangelios sólo aportan, respecto a María, los datos fundamentales y algunas anécdotas. Consta que antes y después del nacimiento de Jesús vivió en Nazaret, pequeña ciudad de Galilea, y que, según la ley, estuvo casada con el artesano San José, descendiente de la casa del rey David. María acompañó a Jesús de Nazaret durante su ministerio de un lugar a otro, junto con las mujeres que le acompañaron desde Galilea y los “cuatro hermanos de Jesús”: Santiago, José, Simón y Judas, hijos de María y Cleofás.

Tanto María como los cuatro hermanos fueron rodeados de una atmósfera de veneración que siguió en aumento, puesto que María cumplía de modo convincente las condiciones propias de los ciudadanos del reino. Como ejemplo del recuerdo que los primeros discípulos conservaban de María se encuentran las palabras que se colocan en boca de Isabel: “Bienaventurada tú que has creído” (Lc. 1,45). Tiene también un recuerdo vivo la frase de San Lucas: “María conservaba todos esos recuerdos, meditándolos en su corazón” (Lc. 2, 19).

Oraciones

Todo el mundo quiere que sus oraciones sean “eficaces”, tanto es así que cuando nos enfocamos en los “resultados” de nuestras oraciones, perdemos de vista el increíble privilegio que tenemos en la oración. Que gente como nosotros puede hablar con el Creador del Universo es en sí algo asombroso. Aún más sorprendente es el hecho de que Él nos oye y actúa en nuestro favor. Lo primero que tenemos que entender acerca de la oración efectiva, es que nuestro Señor y Salvador Jesucristo tuvo que sufrir y morir en la Cruz para hacer posible que nos acerquemos al trono de la gracia para adorar y orar (Hebreos 10:19-25).

Aunque la Biblia ofrece una gran cantidad de orientación sobre cómo podemos profundizar nuestra comunicación con el Creador, la oración efectiva tiene que ver más con el que hace las oraciones que el “cómo” orar. Es más, la Escritura dice: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16) y “los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones” (1 Pedro 3:12; Salmo 34: 15), y, una vez más, “la oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8). 

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